
Salmo 94:19

Malcolm Muggeridge
Lo que finalmente nos va a destruir no va a ser el comunismo ni el fascismo, sino el hombre actuando como si fuera Dios.
Malcolm Muggeridge
Juan Calvino

Apocalipsis 13:1

Génesis 17:14
14. El pacto de la circuncisión servía para distinguir aquellos que aceptaban el pacto unilateral de Dios y aquellos que no. Queda claro que no era la señal en la carne en sí el motivo de la expulsión, sino el rechazo espiritual que suponía no hacerse la marca en la carne.
El hombre conforma una unidad indisoluble. Es un error pensar, como profesaba el gnosticismo, que el espíritu es puro, y el cuerpo pecaminoso. El hombre es pecador “de pies a cabeza”. Así que, el hombre que rechazaba cortarse el prepucio de su cuerpo sería también “cortado” del Pueblo de Dios. Dios salva o condena al hombre integralmente, no lo “secciona” quedándose sólo aquello que tiene mejor aspecto.
Rechazar el pacto de la gracia de Dios tiene consecuencias funestas. Porque el alejamiento de Dios provoca un abismo insalvable. No hay una parte del cuerpo que sea más pecadora que otra. Si una mano roba, no arreglamos nada cortando la mano. El pecado alcanza lo más profundo del alma. Sólo hay dos posibilidades para el hombre pecador: Entrar al Pueblo de Dios aceptando el pacto de la gracia, o ser excluido de él a causa de nuestro rechazo.
Pero, la gracia divina no sólo tiene poder salvífico, también tiene poder sanador y restaurador. Con lo que formar parte del Pueblo de Dios tenía consecuencias inmediatas que afectaban la manera de vivir en su conjunto. No podía seguir practicando obras abominables de consecuencias funestas no sólo para el que las practicaba, también para la comunidad entera. Porque rechazar la Gracia de Dios y querer ser parte de su pueblo es una profanación del nombre de Dios en toda regla.
El pacto era tan válido y aplicable para aquellos que eran linaje de Abraham como para los extranjeros que convivían con ellos. La Gracia de Dios nos une en un solo pueblo redimido por Él, nos restaura y evita que el pecado ejerza su señorío sobre nosotros.
Con aquella señal en la carne quedaba también establecido que la herencia de la redención divina no pasaba de padres a hijos, sino que cada generación debía renovarla. Por eso era necesario que los descendientes de Abraham también fuesen circuncidados como señal de aceptación del pacto.
Con la circuncisión también quedaba manifiesto que todos eran igualmente pecadores. No había nadie que no necesitara la expiación de sus pecados. La circuncisión debía extirpar cualquier brote de orgullo o de arrogancia entre el Pueblo de Dios. Así como abolir toda murmuración o crítica contra cualquiera que pecare, porque quedaba establecido que todos eran culpables sin excepción.
La circuncisión es una clara figura del sacrificio en la cruz. Nuestro Salvador fue herido por nuestras transgresiones, fue cortado de la tierra de los vivientes, cortado de entre su pueblo a causa de nuestra maldad.
El pacto de Dios con su Pueblo era tan fuerte, tan estrecho, tan íntimo e inquebrantable que en las Escrituras se le compara repetidas veces con un enlace matrimonial. Hoy, acostumbrados a los casos de infidelidad, no le damos tanta importancia. Pero en aquellos tiempos un caso de infidelidad tenía repercusiones muy serias. No es casualidad entonces que la señal fuera en el miembro viril. Porque la unión con Dios elevaba el grado de compromiso, amor y fidelidad del pacto al de un matrimonio.
La infidelidad del Pueblo de Dios tendría consecuencias nefastas. Empezando por el medio ambiente, o el entorno natural. La misma tierra sería profanada al traspasar las leyes, violar los estatutos, o quebrantar el pacto eterno de Dios. El odio entre los hombres, la promiscuidad sexual o simplemente sustituir el pacto de la gracia por otras formas de idolatría son síntomas de una infidelidad que afectará al mismo ecosistema en el que ha de vivir la descendencia de Abraham. Desastres naturales, sequías, hambrunas y otras calamidades serán sólo una parte de las terribles consecuencias de la infidelidad espiritual.
El pecado nos perjudica en muchos sentidos. Uno de ellos es el de nuestra relación con los demás. Nos afecta aislándonos los unos de los otros. Crea islas de temor, prejuicio, y suspicacia. Quebrantar el pacto supondrá volver a incubar el odio en cada corazón. Porque el pecado nunca te afecta solamente a ti. @carlesmile
1 Juan 4:3

Génesis 17:13
13. Así pues, esta señal en la carne será símbolo de la obra redentora de Dios con todo aquel que es de la fe de Abraham, y señal identificativa del pueblo de Dios, pero en ningún caso será señal de su raza. Porque el linaje de Abraham será el portador del mensaje de Dios al mundo. Y la señal en la carne será perenne. Recordatorio vitalicio del pacto unilateral de Dios con su Pueblo en Abraham. Pero el mensaje de redención y reconciliación del pacto será transmitido a todas las naciones.
La circuncisión en la carne simboliza la circuncisión en el corazón. De hecho, esta señal no es visible a los demás, sólo a uno mismo. Porque la marca que el Espíritu Santo hace en el corazón del creyente hace brotar un gozo inefable. Un gozo que quizá sólo uno entiende, pero que todo el mundo percibe. El creyente vive confiado en cuerpo y alma sin tener que mostrar señal externa que lo justifique. El gozo del Espíritu Santo es autosuficiente.
El Espíritu Santo da paz al corazón cuando lo gobierna, sin embargo, cuando los deseos de la carne nos dirigen, rápidamente brotan enemistades y conflictos entre nosotros, y entre nosotros y nuestro creador. La envidia es clara sintomatología de la influencia carnal en el ser humano.
La verdadera espiritualidad, contraria siempre a los deseos de la carne, se caracteriza por el verdadero amor fraternal, porque las promesas que el Señor nos ha concedido nos son comunes y eternas. Nos motivan a vivir apartándonos constantemente del pecado y todo aquello que pueda manchar nuestras vidas. Nos infunde un santo temor de Dios que nos motiva, y nos capacita para andar en santidad.
El gozo que da Dios en nuestro corazón es un gozo que nos mueve a expresar adoración y alabanza mediante nuestras voces. Una clara expresión en las Escrituras es el canto y la poesía que tanto encontramos en los Salmos y otros libros de la Biblia. El Gozo que produce el Espíritu Santo transforma nuestra cosmovisión de la vida. Nos hace vivir confiados en medio de distintas circunstancias. Nos muestra el cuidado del firme y constante amor de Dios.
Hay pactos como el de la circuncisión, o el del Arco iris, que son temporales para nosotros que somos criaturas mortales, pero para Dios siguen siendo eternos en valor y significado. Dios aún mira hoy el Arco iris y se acuerda del pacto que hizo con Noé de no volver a inundar la Tierra. En este pacto, que ha perdurado a través de las edades, dilucidamos el tremendo dolor que tuvo que pasar el Señor con el Diluvio para tener que constatar entre cielo y tierra que aquello no volvería a repetirse. Lo puso como una señal de esperanza para la humanidad, y un avance de la futura redención del hombre y la creación entera a través de la cruz.
Lo mismo ocurre con la circuncisión. Esta es una figura temporal del pacto eterno que Dios hace con Abraham y con toda su descendencia. En este símbolo queda establecido el pacto por el cual Jehová será su Dios, y ellos serán su pueblo, con lo que deberán honrarle, adorarle y obedecerle. Entonces Dios los bendecirá, los guiará en el camino de la vida, y hará que sean luz a las naciones.
Porque con la venida de Cristo, la circuncisión externa cesó para que quedara establecida la verdadera, la del corazón. Pablo lo deja bien claro en sus palabras; el apóstol no sólo nos enseña que por la muerte de Cristo estamos circuncidados espiritualmente, y no a través de la señal en la carne, también afirma que el bautismo sustituye la antigua circuncisión; (Colosenses 2:11-12;) porque, verdaderamente, el bautismo no podía triunfar sobre la circuncisión, sin antes quitarla. @carlesmile.
George Eliot

Génesis 17:12
17:12. A los 8 días será circuncidado todo varón. A través de todas las generaciones que vendrán después de Abraham, la circuncisión será una señal identitaria no solo de los miembros de su familia sino también de todos aquellos extranjeros que convivan con ellos, esclavos principalmente. Dando a entender así que la promesa de Abraham también alcanza a pueblos de otras razas y otras naciones, así como a los más desfavorecidos de la sociedad.
Efectivamente, esta señal en la carne perduró a lo largo de todas las generaciones que vinieron después del patriarca hasta Juan el Bautista y Jesús mismo. De hecho, podemos afirmar que la señal termina al octavo día del nacimiento del Salvador. Los 8 días que debían pasar desde el nacimiento de todo nacido entre el Pueblo de Dios eran considerados, según encontramos en las Escrituras, una señal de mayor arraigo, si cabe, dentro del pacto de la circuncisión.
Era tal la devoción que los fariseos contemporáneos de Jesús tenían por la circuncisión que no les importaba aplicarla incluso en sábado, aún si el octavo día caía en ese día de la semana. A pesar de lo intransigentes que eran con el cumplimiento del Sabbath. En su ciego legalismo, permitían el corte del prepucio, pero no toleraban la misericordia de Jesús si esta se llevaba a cabo el señalado día de descanso. En cambio, Jesús nos enseña que el amor y la misericordia van siempre por delante de cualquier forma de legalismo.
Ello nos lleva a las palabras de Pablo, quien afirma en su carta a los Romanos, que la verdadera circuncisión siempre es la del corazón, la que se hace en el espíritu, no en la letra, y aquella que recibe alabanza de Dios en detrimento de la alabanza de los hombres.
La circuncisión, desde su misma instauración no es, en ningún caso, una señal étnica o elitista. Paradójicamente, el primer circuncidado fue Ismael, hijo de Hagar, la esclava egipcia. Y los siguientes fueron todos los miembros de la casa, incluidos los siervos. Las instrucciones son claras en las Escrituras. Todo extranjero que conviva con el Pueblo de Dios y participe de sus fiestas y ritos debe circuncidarse primero. Y por esta señal en la carne, el extranjero será considerado como cualquier otro circunciso de nacimiento. Uno es el extranjero y otro el nacido en casa, pero ambos debían sujetarse a una misma ley. Por otro lado, tanto esclavos extranjeros, como libres nativos, debían también adorar al único Dios verdadero y abandonar los ídolos. Por desgracia, esto no siempre ocurría, y muchas veces eran los nativos quienes acababan adorando los ídolos extranjeros.
Cuando cualquier extranjero, de aquellos que vivían entre el Pueblo de Dios, abandonaba los ídolos y se circuncidaba, tenía pleno derecho a participar de toda la vida religiosa de la nación, incluidas todas fiestas conmemorativas. La salvación que Dios proveía para su Pueblo era también una puerta abierta a todas las naciones.
Otro aspecto que considerar acerca de la circuncisión es el efecto que tenía entre los padres del recién nacido. Con 8 días de edad, no sería fácil ceder un querido hijo a tan tierna edad para efectuarle semejante herida en el cuerpo, teniendo en cuenta que en aquellos tiempos era mucho más fácil poner en peligro la vida del pequeño.
Hay muchas teorías acerca del motivo por el cual Dios designa ocho días para la circuncisión. Una de ellas, quizá la más plausible, era dejar que el pequeño fuese lo suficientemente maduro como para afrontar la intervención con ciertas garantías. Sin embargo, siempre será mejor centrarnos el simbolismo que conlleva la pequeña sección en la carne: “La destrucción del viejo hombre; y a su vez la restauración que Dios hace del hombre volviéndolo a la vida”.
Sin duda, llama la atención el amor y la gracia que Dios tiene con Abraham y su familia. En la sociedad contemporánea del patriarca difícilmente se contaría un esclavo entre los miembros de la familia. Sin embargo, debido al favor concedido a su siervo Abraham, los esclavos llegan a ser adoptados como hijos en la fe de patriarca. Por lo tanto, el orgullo de la carne queda totalmente descartado; porque Dios, sin hacer distinción de personas, aglutina hombres libres y esclavos. Así que, en la persona de Abraham, Dios ha prescrito por ley que todos aquellos que están sujetos al patriarca den el paso y sean incorporados a la misma sociedad de fe de su Señor.
De ello deducimos que toda familia piadosa debería ser una iglesia en sí misma. Por lo tanto, si queremos probar nuestra fe, debemos trabajar para que nuestra casa se mantenga sujeta en obediencia a Dios.
Mateo 7:6

