Otras obras poderosas (Job 38:25-41)

Bright Pleiades star cluster glowing in a star-filled night sky above silhouetted mountains
The bright Pleiades star cluster shines over a dark mountainous horizon at night

La narrativa del texto bíblico sigue describiendo elementos de la naturaleza que están más allá del control humano. Aunque como seres humanos podamos progresar en conocimiento y sabiduría para comprender la ciencia que hay detrás de estos fenómenos, sabemos que nunca podremos dominarlos completamente, ya que, en última instancia, su origen es Dios mismo. 

Los aguaceros, cada vez más potentes, nos asombran con sus destellos eléctricos y su furia impredecible. La lluvia, fuente de vida y de caos, nos sostiene y nos derriba a la vez. Aunque conocemos su origen, sigue siendo una fuerza de la naturaleza que desafía nuestro control, decidiendo siempre aleatoriamente cuándo y dónde desatar su poder. 

¿Quién orquesta la lluvia tan necesaria para la vida y las cosechas, o el frío en invierno? Ambos son necesarios. Sin agua la vida, simplemente, no es posible. Las bajas temperaturas reducen significativamente muchas plagas y enfermedades que afectan a los cultivos durante las estaciones más cálidas. El frío actúa como un plaguicida natural, eliminando insectos, hongos y bacterias que hibernan o se vuelven menos activos durante el invierno. Mejora el suelo haciéndolo más fértil, facilitando la infiltración del agua y la asimilación de nutrientes. 

A continuación, Dios habla acerca del firmamento. De todo el orden y perfección que caracteriza la composición del cosmos. 

¡Las Pléyades son un espectáculo celestial que ha fascinado a la humanidad durante siglos! También son conocidas como las Siete Hermanas, son un cúmulo estelar abierto, es decir, un grupo de estrellas jóvenes y de muy altas temperaturas que nacieron juntas y se mantienen unidas por la gravedad. Se estima que el cúmulo contiene alrededor de 1000 estrellas, aunque solo las más brillantes son visibles a simple vista. Han servido como punto de referencia para navegantes y astrónomos durante milenios. Han sido representadas en el arte, la literatura y la música de diversas culturas a lo largo de la historia. 

La constelación de Orión es una de las más conocidas y admiradas del cielo nocturno. A menudo llamada «el cazador», es fácilmente reconocible por su forma distintiva y sus tres estrellas brillantes del centro. Es visible desde casi cualquier punto de la Tierra durante gran parte del año, lo que la convierte en una de las primeras constelaciones que aprendemos a identificar. 

La osa mayor es visible durante todo el año en el hemisferio norte y sirve como punto de referencia para encontrar otras estrellas y constelaciones, como la Estrella Polar. Al igual que Orión, es una constelación circumpolar en gran parte del hemisferio norte, lo que significa que nunca se oculta bajo el horizonte. Ha sido utilizada también por navegantes y exploradores durante siglos como guía para orientarse en el mar. 

Yahvé desafía, pues a Job inquiriendo, irónicamente, sobre su capacidad para dominar los fenómenos celestes, los cuales solían interpretarse como presagios dentro de la cosmovisión del antiguo Oriente Medio ¿Es Job capaz de dirigir los movimientos de las constelaciones de tal forma que pueda controlar el curso de la historia? ¿Puede él determinar las leyes que gobiernan los movimientos de los cuerpos celestiales? La respuesta negativa que llevan implícitas todas estas preguntas constata que las estrellas sólo se sujetan al poder de Jehová (Isaías 40:26). 

Job debió haberse sentido bien pequeño ante la majestuosidad, complejidad, inmensidad y belleza del Universo. Si una persona llega a entender algo de él, es gracias a la sabiduría y virtud que Dios le ha dado. Todo el conocimiento humano se debe a procesos de descubrimiento y aprendizaje. Pero la inteligencia no deja de ser obra de Dios (Isaías 55:8-9). 

Los propósitos del Señor (Jehová) para este singular planeta van más allá de todo aquello que nos pueda preocupar. Sus caminos son siempre más altos que los nuestros, y sus pensamientos trascienden los nuestros (Isaías 55:8-9). Desde la perspectiva del Señor, la Tierra le pertenece, y aunque Él es el causante de que realmente sea habitable por los seres humanos, el propósito de su existencia responde únicamente a su voluntad y sus designios (Salmos 24:1).  

Dios es el origen y el sostén de todo lo creado. Su cuidado abarca desde la más diminuta criatura hasta la más grande, aun y a pesar de las faltas y los excesos de la humanidad. Su amor es incondicional y su presencia en el universo, constante. 

Incluso los animales, en su instinto, reconocen que es al Señor a quien hay que acudir en momentos de dificultad. Dios les ha otorgado una sabiduría innata que pone de manifiesto la necedad humana. ¿Cómo es posible que nosotros, dotados de razón, confiemos más en nuestras limitadas capacidades que en el poder infinito y el amor incondicional de nuestro Creador?” 

La concepción antropocéntrica es una ilusión. El universo, en su infinita complejidad, no gira en torno a nosotros. Los diálogos iniciales del libro nos presentan una visión teocéntrica, donde la actividad divina, aunque se manifiesta en el mundo terrenal, tiene una dimensión trascendente que escapa a nuestra plena comprensión.

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