2 Corintios 11:3

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1 Corintios 15:22

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Romanos 5:12

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Génesis 3:20

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Génesis 2:3

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Génesis 15:10

  1. En este pasaje:
  • Abram cumple su parte en este ceremonial.
  • Dios está dispuesto a sellar en este sacrificio su pacto, unilateralmente, con él.

Así que, antes de que Dios selle su promesa, Abram debe proveer de los animales indicados para realizar un sacrificio delante de su presencia. Este es el modo en que Abram muestra su confianza y su fe. Así como su respeto y agradecimiento a Dios. La responsabilidad de Abram implica adoración, alabanza, y acción de gracias. Por lo tanto, Abram dispone y prepara los animales tal y como Dios mismo le ha mostrado.

La presencia de Dios sella el pacto con Abram. Él es fuego consumidor que o bien nos purifica, o bien nos destruye. Ningún sacrificio tiene validez sino es Dios quien lo ejecuta. El sacrificio de Jesucristo en la cruz pudo vencer al pecado y a la muerte, redimirnos y limpiarnos de toda maldad porque fue Dios quien lo ejecutó. Porque Dios es el autor de nuestra salvación, los que hemos creído en el Señor Jesucristo hemos recibido el Espíritu Santo en nuestras vidas. Él habita en nuestros corazones y actúa con poder dirigiendo nuestras vidas para que sean un sacrificio de adoración y alabanza a Dios.

Dios abre un camino de salvación delante de hombre. Camino abierto por Él muriendo por nosotros allí en la cruz. No hay otro modo de alcanzar la Salvación. Yo soy el Camino dijo Jesús, el Salvador. Él ha abierto la única brecha que rompe los muros de pecado y maldad. Hoy podemos seguir las pisadas de aquel que nos ha salvado porque nos ha redimido y nos dirige por estrechas sendas hacia su Reino Celestial.

Hoy, los que hemos sido salvos por su sangre, somos sus hijos amados y sus siervos. Nuestra vida debería caracterizarse por nuestro servicio a Él viviendo y proclamando la Palabra de Dios. Hoy debemos vivir con humildad y fidelidad delante de aquel que es también nuestro Señor y a quien debemos rendir cuentas. No podemos agradar a Dios y a los hombres, así que, debemos escoger. Forma parte de nuestras vidas el estar siempre dispuestos a presentarnos delante del fuego consumidor que prueba nuestra vida y nuestras obras.

Cuando observamos la crudeza de los sacrificios que demanda Dios, no debemos pensar que Dios se complace en la muerte de los animales inocentes. Debemos dirigir la mirada hacia nosotros mismos, y hacia la condición caída de la raza humana. La ofrenda y el sacrificio de los animales son agradables a Dios solo porque en ellos queda perdonado nuestro pecado y erradicada nuestra maldad. Somos librados del castigo y del juicio de un Dios que es tres veces santo.

Como Pueblo de Dios no podemos pasar por la vida sin ser nosotros mismos un sacrificio santo y agradable a Dios porque este es “nuestro culto racional”.  Vivir piadosamente, como corresponde al Pueblo de Dios siempre demandará sacrificio, es lo que corresponde a un Pueblo, adquirido, redimido para gloria y honra de Dios.

Era una costumbre en aquellos tiempos sellar un pacto solemne mediante el sacrificio de algún animal y su división en dos partes. El pacto incluía que las dos partes pasaran por medio del cuerpo dividido del animal. Ello nos habla del compromiso unilateral por parte de Dios de llevar hasta el final su plan de redención para su Pueblo. Redención que vendría de la descendencia prometida a Abraham. Aquella de la cual nacería el cordero que quita el pecado del mundo: Jesucristo.

Y en la cuarta generación volverán acá; porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo hasta aquí. Génesis 15:16

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H.G. Weaver

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Michel Quoist

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George MacDonald

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Génesis 15:9

09. Acercarse a Dios, ser receptor de sus promesas siempre demanda una entrega por nuestra parte. Sin sacrificio, sin abandono, no vamos a recibir la bendición de Dios. Una mano cerrada no solo no puede ofrecer, tampoco puede recibir.

Abraham está a punto de establecer un pacto con Dios. Su demanda de recibir una prueba está siendo atendida. Dios se compromete mediante esta ceremonia a cumplir su promesa ¡Qué fiel es Dios que, sin tener necesidad, se compromete a nombrar a Abraham como heredero formalizando su pacto mediante este sacrificio ceremonial!

Al igual que en el episodio que ocurrirá más adelante en el monte Moriah, o en todo el aspecto ceremonial de sacrificios que se instaurará en el monte Sinaí. Todo nos dirige la mirada a aquel que hizo el sacrificio expiatorio una vez por siempre: Nuestro Señor Jesucristo. Él, y sus tres años de ministerio, no solo sirvieron para inaugurar el Reino de Dios en la Tierra, también formaron parte de la justicia y la misericordia de Dios cuando Dios mismo sacrificó a su propio Hijo en la Cruz del Calvario. Esa Cruz y esa Resurrección son el pacto unilateral de Dios con el hombre. Jesucristo es la esperanza inconmovible a la que nos aferramos. Él es el cordero sin mancha ni defecto que quita el pecado del mundo.

Sin duda, el sacrificio de estos tres animales sienta el precedente de todo el ceremonial de sacrificios que Dios instaurará más adelante en el Monte Sinaí. Al acercarnos a Dios, nunca debemos pasar por alto nuestra condición pecaminosa y nuestro propio pecado. El sacrificio de animales hablaba claramente de la gravedad del pecado y de la santidad de Dios. Es por ello que no podemos acercarnos a Dios sin antes haber sido lavados por la sangre expiatoria de Cristo, simbolizada en la sangre del animal sacrificado.

El Pueblo de Dios es santificado por la sangre del sacrificio. Por la sangre derramada nuestra culpa es quitada, nuestro pecado perdonado, y somos apartados para Dios. Vivimos entonces para Su gloria, pero solo gracias al pacto que Dios ha hecho con su pueblo. Somos perdonados y santificados, no por voluntad humana, sino divina.

Y es que al final, ningún pecado quedará impune. De hecho, si miramos hacia atrás en la historia observamos que no ha habido civilización que no haya sido ya juzgada. Hoy, solo tenemos dos opciones: O aceptamos el sacrificio que Dios ha dispuesto mediante el arrepentimiento, o acarrearemos con las consecuencias de nuestras ofensas. Dios demanda sacrificio, en cualquier caso, y lo habrá. Si Él no es el sacrificado, lo seremos nosotros sin remedio.

El Señor también nos pide sacrificios de alabanza. A veces, estos sacrificios pueden comprender cosas “tan poco productivas” como reunirse con el pueblo de Dios para alabarle y adorarle, escuchar su Palabra, participar de la comunión, o dedicar un tiempo de oración. El Señor no necesita todas estas cosas, sin embargo, Él se complace en ellas porque son prueba de nuestra fe en Él. Aprendamos, pues con humildad a desarrollar nuestra fe mediante todas estas cosas. Aunque a veces no las entendamos o no nos parezcan lo más razonable. Aunque seamos objeto de burla por ello. No olvidemos que siempre es mejor agradar a Dios que a los hombres.

Todos los animales mencionados aquí forman parte del sistema de sacrificios descrito en Levítico. Muy probablemente, estos animales representan la nación de Israel: “Un Reino de Sacerdotes”. El pacto unilateral de Dios, no solo nos salva, también nos aparta para Él, nos santifica, y nos hace sus siervos y sacerdotes.

y dice: Juntadme a mis santos,
los que han hecho conmigo pacto con sacrificio.
Salmo 50:5

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