Dios llama a Job para que responda (38:1-3).

La narrativa de Job en el torbellino es una de las más poderosas y simbólicas de la literatura bíblica. Representa un momento de gran significado teológico y literario, donde el caos y la destrucción del torbellino contrastan con la situación de Job. Este evento no solo rompe el silencio de Dios, sino que también reafirma la relación personal y directa entre Dios y Job, destacando la importancia de la fe y la confianza en medio de las pruebas. La presencia de Dios en el torbellino también puede interpretarse como una manifestación de su omnipotencia, capaz de controlar incluso los elementos más indomables de la naturaleza. Así, la historia de Job nos invita a reflexionar sobre la soberanía de Dios, la naturaleza del sufrimiento y la resiliencia del hombre de fe.

Job no ve el “esplendor de oro” ni la “majestad imponente” que supuestamente acompañan a Dios, según su amigo Eliú (37:22). Más bien asiste atónito a una tormenta descomunal, desde la que oye la voz de Yahvé. Nombre, que sólo aparece al principio del libro y ahora al final, en clara alusión al Dios de Israel. Ya que el término no significa “Dios” explícitamente, sino “Señor”.

Parece que el Señor, se ha tomado en serio las palabras de Job en 9:13-24 en la que nuestro protagonista se imagina a Dios en un torbellino desde el cual sería derribado si se atreviese a cuestionarlo. Por otro lado, parece que tampoco se va a cumplir el manifiesto optimismo de Job quien esperaba verse en la presencia de Dios como un príncipe (31:36-37). Sin embargo, en ningún caso, Dios condena a Job, tan solo lo pone en su sitio como criatura que es. Ahora Job deberá olvidar todos sus prejuicios, y confrontar a Dios, el único Dios verdadero, tal como es.

El formato que Dios escoge para su encuentro con Job es el de un examen sorpresa, tal y como haría un buen profesor con un estudiante presuntuoso. Curiosamente, Dios no menciona en ningún momento el sufrimiento de Job, ni aborda el problema de la teodicea *. Job no obtiene ni el acta de acusación, ni el veredicto de inocencia que deseaba. Tampoco se cumplen las declaraciones de sus amigos, porque Dios no humilla a Job con una lista de pecados imperdonables. Por tanto, se establece, por implicación, la inocencia de Job, como se declarará explícitamente más adelante en Job 42:7-8.

Las primeras palabras de Dios en el versículo 2 “¿Quién es ese?” Nos introducen al asunto principal de sus alocuciones. Jehová quiere que Job entienda quien es el Dios que manifiesta conocer, y por otro lado quien es Job en realidad. Job ha hablado más de la cuenta. Ha hablado acerca de cosas que desconoce. Porque Job es un ser finito. Su posición no le permite poder hablar adecuadamente de los planes que Dios tiene para el mundo mucho menos para él mismo. Los designios de Jehová van más allá de lo que Job pueda imaginar o describir.

En el capítulo 31 Job no para de afirmar “si yo hubiera cometido este pecado, o este otro todo esto que me ocurre tendría sentido”. Piensa que esa estrategia legal de confesión inversa pondrá a Dios contra las cuerdas obligándole a juzgarle y así, al menos indirectamente, declarar su inocencia. Pero, Jehová no se deja manipular tan fácilmente. Ahora es el Señor mismo quien toma la iniciativa planteando cuestiones que demandarán una respuesta por parte de Job. Mediante una rigurosa interrogación Jehová demostrará lo inadecuados que son los planteamientos de Job. Por supuesto que Jehová sabe ya de antemano todas las respuestas que obtendrá de Job. Solo se trata de hacer verle que, en realidad, Job no sabe nada.

Es importante que Job entienda que Dios no es su enemigo. También debe aprender que sólo Jehová es Dios, y que a pesar de su sufrimiento no tiene nada que temer, porque, en realidad, no ha hecho nada para merecerlo. Aún sin saber el motivo de su calamidad, Job debe aprender a aceptar a Dios por fe como su Creador, Salvador, Sustentador y amigo. Pero, para aprender esta lección debe despojarse de sus ideas preconcebidas, de sus “palabras sin conocimiento”, ceñirse a su propia humanidad, y disponer su corazón para aceptar a Dios a pesar de su ignorancia. Ahora, está a punto de hacerlo caminando con Él a través del universo de la Creación, tal y como lo haría un niño de la mano de su Padre. En la primera lección Dios pondrá en evidencia las limitaciones de Job como criatura en claro contraste con el poder, y la sabiduría de Dios que crearon y sostienen el universo. El discurso divino conducirá a Job hacia una fe total en la bondad de Dios, a pesar de no obtener explícitamente ninguna respuesta a todos sus planteamientos sobre la justicia divina.

No es cuando cuestionamos a Dios, es cuando Él nos cuestiona a nosotros cuando somos puestos realmente en vereda, aunque para ello sea necesario que nos zarandee con la fuerza de un torbellino. Porque es necesario que nos humillemos, nos postremos, y sintamos nuestra pequeñez ante el único Dios verdadero, el único que lo sabe todo, y sigue teniendo todo poder y autoridad. Porque la vida no va de interrogar a Dios, sino de responder preguntas que aún no conocemos porque llevamos demasiado tiempo dándole la espalda ¿De veras queremos escuchar sus preguntas?

* Teodicea: La teodicea es una rama de la teología que se centra en el problema del mal y busca proporcionar una explicación racional de por qué un Dios omnipotente y benevolente permite la existencia del mal en el mundo. El término proviene del griego “θεός” (dios) y “δίκη” (justicia)1.

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