Job 1:9-12

La malicia de Satanás contra Job, y el permiso que obtuvo para ponerlo a prueba (Parte II)

Job es honrado por Dios, lo aprueba y reconoce como siervo verdadero y fiel, es decir, como alguien que basa su vida en la alianza que sustenta su relación con Dios. Por la fe, Job no sólo es salvo por gracia, también es un hombre justo y obediente. Dios dará prueba de ello, de hecho, es Él, y no Satanás, quien escoge a Job a sabiendas que esto significaba probar su fe. 

La filosofía que viene propagando Satanás por toda la Tierra es muy clara: “Nadie hace nada a cambio de nada” ¿Acaso hay alguien que incumpla esta norma? ¿Acaso Job no vive también bajo los dominios del Adversario?  

Satanás echa en cara a Dios: “¿No es acaso Job beneficiario de tu protección? Has prosperado todo lo que han tocado sus manos. Tiene todo lo que un ser humano puede esperar de la vida. Sin embargo, su lealtad tiene un precio. Job no te ama en balde”. 

Llega un momento en que ni siquiera el propio Diablo puede ocultar sus verdaderas intenciones. Tarde o temprano, cede a su naturaleza y deja entrever sus colmillos. Le encanta sofocar la verdad arrojando mentiras, convencido de que nadie puede escapar de sus designios. Afirma con total certeza que Job acabará maldiciendo a Dios en su rostro si es privado de toda bendición. ¿Pero cómo es posible? Si Job se mostraba tan cuidadoso ante la posibilidad de que sus hijos ofendieran a Dios, ¿será ahora él mismo quien peque de esa manera? 

Satanás no cuestiona la evaluación que Dios hace de Job, pero sí cuestiona la motivación de éste.  Por lo tanto, si como siervos de Dios, nuestra motivación es la correcta, casi con toda seguridad seremos probados, si, por el contrario, es la equivocada, difícilmente viviremos una historia como la de Job. 

Varias cosas deducimos de la respuesta de Dios: Primero, Job contaba con una protección especial. No porque fuera un privilegiado, o un preferido de Dios, sino porque vivir con temor de Dios tiene siempre su recompensa. Segundo, Satanás puede alardear de su poder, y puede lavarnos el cerebro con sus mentiras, pero no tiene todo el poder. Dios le ha puesto límites que de ningún modo puede traspasar. Tercero, en medio de una lucha espiritual de dimensiones cósmicas, por motivos que no alcanzamos, Dios ha de probar nuestra fe despojándonos de una parte de esa protección que nos ha concedido. Pero sólo para mostrar ante todo reino y principado la gloria que emana de nuestra fe, en medio de un mundo sumido en densa oscuridad. Cuarto: Jamás seremos probados más de lo que podamos resistir, ello debe alentarnos y llenarnos de esperanza. 

Satanás afirma que un verdadero creyente sólo es fiel mientras prospera. Si le es quitado el bienestar obtenido, rechazará sin remedio a Dios. Su intención es demostrar que la salvación no es tal en determinadas circunstancias, que la fe es un contrato que se puede romper, que hasta un creyente puede escupir a Dios en la cara. Pero, el Antiguo Testamento alberga muchas promesas en las que Dios se compromete a sostener la fe de sus hijos. Como: 

Porque Jehová ama la rectitud, 

Y no desampara a sus santos. 

Para siempre serán guardados; 

Salmos 37:28 

O el Nuevo Testamento: 

31 Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; 32 pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. Lucas 22:31-32 

Nos aporta una gran dosis de esperanza saber que cualquier cosa que pueda ocurrir en nuestra vida pasa primero por las manos de Dios. Aún las crisis más inesperadas. 

Las calamidades que sufriría Job iban a probar si su fe era superficial, basada tan solo en las bendiciones recibidas de Dios, o arraigada en la gracia Divina.  

La restricción divina pone de manifiesto que aquella no sería una batalla entre iguales. Dios traza líneas donde Satanás debe detenerse; queda constatada la autoridad que mantiene sobre el maligno. Por ahora, sólo su familia y sus bienes se verán afectados. En su gracia, Dios limita las pruebas que han de pasar sus hijos. El objetivo de Dios era purificar y santificar a Job, no acabar con él. 

Esta entrada fue publicada en JOB. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.