18. Nos encontramos ante la profecía número 18 del libro de Génesis y la tercera que hace referencia a la posesión de Canaán por parte de la semilla de Abraham.
Tal como leemos, Dios da una buena extensión geográfica a la descendencia de Abraham. Lo hace en el mismo momento que lo promete. La tierra de la promesa será una posesión para el pueblo de Israel como nación, así que no será para Abraham exactamente sino para su descendencia, y por ello también serán benditas todas las naciones. La extensión del territorio comprende desde el río Éufrates hasta el río de Egipto. La designación de este último río no está clara. Se puede referir tanto al Wadi el Arish (a mitad de camino entre Israel y el Nilo, o podría referirse al lado más oriental del Nilo.
Dios hace pactos a menudo, según encontramos en las Escrituras. El primer pacto que encontramos es el del Arco iris. Por él, Dios se compromete a no terminar con la vida de toda criatura mediante ningún otro diluvio. El Arco Iris aparece de vez en cuando para recordarnos su promesa. Por él, estamos seguros de que Dios cumple sus promesas.
Dios establece sus pactos a través de distintos hombres del pueblo de Dios como Noé, Abraham, Moisés, o David. Todos ellos, como una cadena podrían enlazarse unos con otros hasta llegar a Jesús. Podríamos incluso decir que, hoy, la cadena continúa hasta que Jesús venga y establezca su Reino eterno para bendición de todas las naciones.

Es por la sangre de Cristo que hoy nosotros podemos llegar a formar parte del pueblo de Dios, partícipes del pacto eterno hecho a Israel, y así formar parte de su linaje real y sacerdotal. Por su sangre, el Señor nos equipa con todo lo que es bueno para hacer su voluntad, el construye así en nosotros con materiales nobles agradables a sus ojos.
Como cristianos, nuestro ministerio es ahora de reconciliación, de hacer partícipes a otros de la bendición de este pacto, que es la salvación de sus vidas. Por otro lado, las promesas de Dios deben provocar en nosotros adoración, tal y como ocurrió Abraham. Sacrificio de adoración y alabanza, acciones de gracias, son actos espontáneos de aquel que cree y confía en las promesas de Dios.
Aunque durante parte del reinado del rey David y de su hijo Salomón las fronteras se extendieron más allá de Canaán, llegando a tener el control económico a través del vasallaje de casi toda está área. El cumplimiento de esta profecía solo ocurrirá cuando Cristo establezca su reino eterno desde Jerusalén para bendición de todas las naciones.
Los pueblos que habitaban la tierra prometida solo podían ser expulsados por Dios. Entre otras cosas, porque los cananeos eran más fuertes y poderosos que Israel. Sin embargo, no llegaron a abandonar su tierra del todo porque el pueblo de Dios confiaba más en si mismo que en el poder de su Dios. Por eso terminaron, en cierta medida, adorando sus mismos dioses paganos y pactando con ellos.
Es por la fe que Abraham depositó en Dios que se estableció el pacto entre ambos. El pacto fue entre Dios, como Señor y soberano, por un lado, y Abraham como su siervo por el otro. Así que, el pacto no depende de las obras de Abraham sino de la fidelidad de Dios.
Ahora bien, si las promesas fueron hechas a Abraham y a su simiente. La simiente es una: Cristo. Dios no hace ningún pacto que no venga acompañado con un sacrificio. Cristo es nuestro sacrificio. Así que, un día, tanto el Salvador como su pueblo serán el cumplimiento definitivo de la promesa.
Pero tú, Belén Efrata, aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad. Por tanto, El los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel. Y El se afirmará y pastoreará su rebaño con el poder del SEÑOR, con la majestad del nombre del SEÑOR su Dios. Y permanecerán, porque en aquel tiempo El será engrandecido hasta los confines de la tierra. Y El será nuestra paz. Miqueas 5:2-5.