Génesis 15:11

11. El camino que espera a Abram, todo y ser de gran dicha, no estará exento de ataques y de serias dificultades. Así es, ha sido, y será en la obra de Dios y entre su Pueblo. La persecución, la corrupción, la idolatría, la murmuración, las rencillas, etc. siempre han manchado y corrompido la obra de Dios. De una forma o de otra, la carnalidad, el mundo como sistema frontalmente opuesto al Reino de Dios, y las fuerzas espirituales malignas de Satanás orquestándolo todo, han minado el camino de esperanza, amor, verdad y justicia que el Señor ha puesto delante de su Pueblo. El objetivo siempre es el mismo, robar la gloria que solo pertenece a Dios, inhibir los efectos de la Gracia Divina, hacer que la verdad parezca mentira y la mentira verdad, crear conflictos y disensiones entre los hombres.

Las aves de los cielos son, a menudo, figura de fuerzas espirituales que actúan contra el pueblo o el reino de Dios. En la parábola del labrador, las aves tienen su parte al comer la semilla de la Palabra de Dios que ha sido sembrada. Ellas comen la semilla sin que dé tiempo a que ni tan solo eche raíces en el corazón del incrédulo.

No hay otra forma de defenderse de los ataques del enemigo que aferrarnos al Señor y su Palabra. Tener comunión con Él mediante la oración, contratacar con la Palabra de vida. Tal y como hacía el salmista, debemos llevar a nuestros labios los consejos de su boca. Necesitamos esa cercanía al Señor que solo puede dar el Espíritu Santo.

En la obra de Dios nunca van a faltar esas aves que solo pretenden diezmar el pueblo de Dios, llevan actuando desde tiempos ancestrales. No paran hasta que consiguen su propósito. Día y noche comen y destrozan las vides de Dios. No podemos defendernos de ellas sin constante oración y meditación en la Palabra de Dios. Porque sólo Su voz será capaz de ahuyentarlas.

La persecución y la opresión sobre el Pueblo de Dios no ha cesado desde ese día. Al pueblo de Israel le esperaban más de 400 años de esclavitud en Egipto. Satanás y este mundo son contrarios al Pueblo de Dios y al pacto de su Gracia. Ambos muestran su oposición constantemente. Esas aves eran consideradas impuras. Simbolizan naciones paganas e idólatras. Dios ha prometido que ayudará a su pueblo, pero Abraham tendrá que vivir piadosamente para defenderlo. De nuestra fidelidad al Señor y su pacto depende el éxito de aquellos que atacan y oprimen al Pueblo de Dios y su obra. Las palabras de Jesús siguen hoy con nosotros: “Confiad, yo he vencido al mundo”.

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